Fantasías, fantasma y discurso de la época
Tal y como puede leerse en el texto de presentación de esta Conversación Clínica, Freud localizó la función que cumplía la fantasía como un modo de consuelo ante lo decepcionante de la vida cotidiana, articulando así el principio del placer y el de realidad. Más adelante, sin embargo, y en relación con las fantasías y la escena traumática que indefectiblemente escucha relatar a sus pacientes histéricas, pone en cuestión su concepción y produce un giro que permitirá ir del trauma al fantasma. Con Lacan tendremos luego una escritura de ese fantasma como la manera en que el sujeto se coloca frente a lo que percibe como el deseo del Otro, dispositivo con el que irá tejiendo su trama. Recojo, entonces, la interrogación que el texto de presentación propone acerca del destino de las fantasías y el fantasma en la actualidad.
R. consulta cuando se ve desbordada porque uno de los partenaires con los que mantiene una “pareja abierta” le plantea que ya no está dispuesto a seguir compartiéndola con su novio. Angustiada no logra comprender por qué el otro ha roto el pacto y ahora quiere otra cosa. Además teme que su novio también la deje porque ella no puede parar de llorar por aquel que perdió. Ya en las entrevistas se va dando cuenta de que corre de un lado a otro para evitar encontrarse con el vacío. Así, como el artista de variedades que mantiene varios platos girando sin parar, R. llena y rellena su día de actividades y encuentros varios sin lograr calmar la agitación que la invade. Su novio vive en otra ciudad y el tiempo libre debe ser ocupado con otra relación paralela para evitar que el hueco se haga presente. De a poco va percibiendo su implicación y reconoce que si bien sabe que es “imposible que todo encaje”, ella no puede dejar de intentarlo aun sabiendo que antes o después algo la “desbordará” y todo se vendrá abajo. Un “crash” y un corte de sesión sacuden un poco el enroque fascinante de su posición. Reconoce que para ella se trata de una condición y que si bien es algo que el discurso de la época propone para todos, en R. se engancha con su fantasma de ser única para el otro, pero sin llegar a poner en juego su propio deseo.
Esta pequeña viñeta me permite plantear la articulación que puede establecerse entre el fantasma que habilita, modula y sostiene las maneras de estar con los otros y que incide en la elección amorosa y las condiciones de goce, y las propuestas de los discursos de la época, encarnados en el imperativo de que todo es posible, siempre y en cualquier lugar. Estas promesas de satisfacción plena vienen al encuentro del fantasma, reforzándolo y otorgándole legitimidad.
Si bien la propuesta de la pareja abierta no es novedosa y en otros tiempos se declinó de formas diversas, hoy aparece entramada en los significantes de la época bajo los que se presentan los sujetos que buscan desconocer la castración y la pérdida a partir de estos lazos “poliamorosos”. En el caso de R., varios elementos del discurso contemporáneo se conjugan para mantener un velo sobre la imposibilidad de la relación sexual y se entrelazan con su posición fantasmática. Así como la pareja abierta se presenta como la vía para no perderse nada, definirse como “bisexual” también trabaja para el mismo fin y además busca desesperadamente evitar el desencuentro con el otro y lo que ella ha interpretado como el deseo del Otro. En términos de las fórmulas de la sexuación, R. se mueve en la lógica del todo y la excepción donde se juega su posición de goce. Por tanto, lejos de que hayan perdido peso las fantasías de las que Freud hablaba en 1908 cuyas funciones le permitían asegurar, entre otras cosas, que “un síntoma histérico es la expresión de una fantasía sexual inconsciente masculina, por una parte y femenina por la otra”[1], hoy más que nunca se solidifican y buscan perpetuarse en los reclamos de un derecho al goce sin medida. Esta oscilación le sirve a la histérica para no situarse ni en un lado ni en otro cuando se trata del deseo, está en la escena pero siempre sustrayéndose. La paradoja para R. es querer ser única e inigualable sirviéndose de una lógica del intercambio que reduce al objeto amoroso a un objeto de consumo desechable.
[1] Freud, S., “Las fantasías histéricas y su relación con la bisexualidad”, en Obras Completas, Vol. IX, Amorrortu, Buenos Aires, 1992, p. 146.
Constanza Meyer, Psicoanalista en Madrid, miembro de la ELP y de la AMP