Citas y Reseñas IX

CITAS I

A propósito de la psicología de los procesos del sueño Freud explica cómo el sueño se apodera de lo que llama restos diurnos, los recuerdos de lo que ocurrió en el día anterior. El sueño se apodera de estos elementos para montarlos con un valor distinto, con una significación distinta a la de el momento de su primera emergencia. Son entonces formas vaciadas de su sentido, de desplazamiento, de utilización por el deseo de formas muy ajenas a él, a las que carga, infiltra y dota de una nueva significación. Se trata aquí de los disfraces del deseo que, permaneciendo inconsciente, se expresa apoderándose de las representaciones más anodinas, desplazándose de lo reprimido hacia una representación que su banalidad misma hace aceptable a la conciencia. (…) El deseo se apodera de formas errantes, que nada valen por sí mismas, que han sido despojadas de su significación, que funcionan separadas de su significación primera, que en fondo funcionan como letras, y esto es lo que se comprende mejor a partir de la teoría lacaniana del significante. De hecho, son formas significantes a las que el deseo proporciona un significado diferente y nuevo. Esto muestra la vanidad de la clave de los sueños, vieja tradición que dura desde la antigüedad. Las  claves de los sueños están fundadas en el principio de que a cada significante le corresponde en forma unívoca su significado, si tenemos la tabla de traducción, podemos pasar de forma invariable del significante al significado. Ahora bien, basta mirar un momento “La ciencia de los sueños” para ver que esto es absolutamente incompatible con la concepción freudiana, puesto que estos significantes sólo valen en cuanto han sido vaciados de significación, y se trata de volver a encontrar, cada vez, esa significación en lo particular.

J.A MILLER, La transferencia de Freud a Lacan, En El recorrido de Lacan ( Página 63-64)

 

Algo que ha proporcionado el psicoanálisis es que la vida es fundamentalmente una repetición, que nos damos la ilusión de lo nuevo, pero que de hecho, la vida está constituida por la repetición. Necesitamos un psicoanálisis para darnos cuenta de esos límites tan estrechos en los cuales estamos capturados por un número de significantes sumamente limitado. Al respecto, no solamente somos poca cosa, como la religión nos ha enseñado y repetido, sino que vivimos en un sueño. Lo que evoca Lacan, muy precisamente, es que no se sueña simplemente cuando se duerme, cuando uno se despierta, muchas veces es para seguir durmiendo, durmiendo con los ojos abiertos, y en eso pasamos nuestro tiempo. Es en el momento en que nos acercamos en el sueño a lo que verdaderamente es real en nosotros, en ese momento nos despertamos, porque nos da miedo, y nos despertamos para seguir durmiendo.

J.A MILLER, La transferencia de Freud a Lacan, En El recorrido de Lacan. ( Pág 73-74)

 

La última vez hablamos del lenguaje visual y es cierto que soñamos. Cuando soñamos sabemos como es para nosotros y pensamos que es igual para los demás, es decir, que vemos en imágenes. Lo que interesa al psicoanálisis, es decir, lo que interesó a Freud en la ciencia de los sueños, es el relato proporcionado por el paciente de su sueño, nunca se fascinó por una realidad subjetiva que por definición no puede ser visualizada; por el momento no podemos visualizar los sueños de otro. En los relatos de ciencia ficción se logra, pero en la experiencia psicoanalítica es por intermedio del relato verbalizado del paciente que es posible un análisis.

 

J.A MILLER, La transferencia: El sujeto supuesto saber. En El recorrido de Lacan. (Pág 97)

CITAS II

“En efecto, cualquiera puede someter a indagación analítica sus propios sueños y, por las indicaciones y ejemplos que yo daba allí, era fácil aprender la técnica de su interpretación. Hoy como entonces debo aseverar que la profundización en los problemas del sueño es una condición previa indispensable para comprender los procesos psíquicos que ocurren en la histeria y en las otras psiconeurosis, y nadie que pretenda ahorrarse ese trabajo preparatorio tiene la menor perspectiva de avanzar un solo paso en este campo”.
       Sigmund Freud , Fragmento de análisis de un caso de histeria. (1905 [1901]) Obras completas. Volumen VII. Amorrortu editores. Pág. 10

“Luego de haber demostrado, en La interpretación de los sueños (publicada en 1900), que los sueños son interpretables, y que una vez completado el trabajo interpretativo pueden sustituirse por unos pensamientos formados intachablemente e insertables en un lugar consabido dentro de la trabazón anímica, en las páginas que siguen querría dar un ejemplo del único uso práctico que el arte de interpretar sueños parece admitir. Ya expuse en mi libro la manera en que se me plantearon los problemas del sueño. Me salieron al paso mientras yo me empeñaba en curar psiconeurosis mediante un particular procedimiento psicoterapéutico: los enfermos, entre otros sucesos de su vida anímica, me contaban también sueños que parecían reclamar su inserción en la trama, de tan larga urdimbre, entre un síntoma de la enfermedad y una idea patógena. En esa época aprendí el modo de traducir el lenguaje del sueño a expresiones de nuestro lenguaje conceptual, comprensibles sin más ayuda. Y puedo afirmar que este conocimiento es indispensable para el psicoanalista, pues el sueño constituye uno de los caminos por los cuales puede llegar a la conciencia aquel material psíquico que, en virtud de la aversión que suscita su contenido, fue bloqueado de la conciencia, fue reprimido, y así se volvió patógeno. En síntesis: El sueño es uno de los rodeos por los que se puede sortear la represión{desalojo}, uno de los principales recursos de la llamada figuración indirecta en el interior de lo psíquico. El presente fragmento del historial de tratamiento de una muchacha histérica está destinado a ilustrar el modo en que la interpretación del sueño se inserta en el trabajo del análisis. Al mismo tiempo, me permitirá exponer al público por primera vez, con una amplitud que ya no deje lugar a más malentendidos, una parte de mis opiniones sobre los procesos psíquicos y las condiciones orgánicas de la histeria”.

Sigmund Freud. Fragmento de análisis de un caso de histeria. (1905 [1901]) Obras completas. Volumen VII. Amorrortu editores. Pág. 15

[…]Evocaré la experiencia que es  más general, no reconstituida, ni ancestral, ni arrojada a una oscuridad de las épocas antiguas de las que supuestamente habríamos escapado, aunque es testimonio de una necesidad que nos une a esas épocas, experiencia siempre actual y de la que, curiosamente, hablamos con muy poca frecuencia – la experiencia de la pesadilla. Uno se pregunta por qué los analistas, desde hace algún tiempo, se interesan tan poco por ella. […] Les recuerdo su fenomenología fundamental. No sé me ocurriría ni por un momento eludir su dimensión principal -la angustia de la pesadilla es experimentada, hablando con propiedad, como la angustia del goce del Otro.

Lo correlativo de la pesadilla es el íncubo o el súcubo, aquel ser que te oprime el pecho con todo su peso opaco de goce extranjero, que te aplasta bajo su goce. Lo primero que se ve en el mito, pero también en la pesadilla vivida, es que aquel ser que pesa por su goce es también un ser que interroga, e incluso que se manifiesta en aquella dimensión desarrollada de la pregunta que se llama el enigma.
                                                                                                                                                                                                Lacan, J., El Seminario, Libro 10, La angustia, Paidós, Bs. As., pág. 73.

La primera cláusula (de La interpretación de los sueños freudiana), es que el sueño es un rébus. Y Freud estipula acto seguido que hay que entenderlo al pié de la letra. Lo cual se refiera a la instancia del sueño de esa misma estructura literante (dicho de otra manera, fonemática) donde se articula y se analiza el significante en el discurso. Tal como las figuras no naturales del barco sobre el tejado o del hombre con cabeza de coma expresamente evocadas por Freud, las imágenes del sueño no han de retenerse si no es por su valor de significante, es decir, por lo que permite deletrear del “proverbio” propuesto por el rébus del sueño. Esta estructura de lenguaje que hace posible la operación de la lectura está en el principio de la significancia del sueño, de la Traumdeutung.

Freud especifica de todas las maneras posibles que ese valor de significante de la imagen no tiene nada que ver con su significación, poniendo en juego los jeroglíficos de Egipto, en los que sería ridículo deducir de la frecuencia del buitre que es un aleph, o del pollito que es un vau, que el texto interese en cualquier medida a esos especímenes ornitológicos.

                                                                                                                                                                                Lacan, J., La instancia de la letra, Escritos 1. S.XXI, Buenos Aires, 2010, pàg 477.

CITAS III

El sueño no es para nosotros utilizable, como no sea en el contexto general de una cura. Frente a nuestra responsabilidad, que es a menudo nuestro deber de interpretar, de descifrar, nos orientamos en apuestas que son políticas, estratégicas y tácticas. En su escrito “La dirección de la cura” Lacan distingue esos tres niveles acordándoles una jerarquía inversa a la que podría ser la implícita, que correspondería a la de Clausewitz: el analista no es libre en su política, el imperativo propio de la ética del discurso analítico constituye para el una coerción permanente; es poco lo que permite hacer una transacción entre ella y aquello a lo que apunta una cura. El analista está más libre en su estrategia en función de la maniobra de la transferencia que pueda parecerle oportuna. Cuenta por fin con una libertad más grande en su táctica, esto es, en la manera según la cual va a formular -o no- una interpretación.

Leguil, François. Sueño y real. En Brisas clínicas: Sueño y final de análisis. Grama, Buenos Aires 2012.

“ …Si el deseo del sueño es lo que afirma Lacan-nada más que el deseo de adquirir sentido-, la vertiente de la contratransferencia ubica al analista en la posición que le da el sueño. Por supuesto, hay sentido en el sueño y es lo suficientemente incoherente como para que sea razonable recurrir al Otro a fin de que adquiera un sentido completo, coherente. (…)El Síntomaconsiste y se distingue del sueño, cuyo deseo insiste. Además no puede decirse que el síntoma esté animado por el deseo de cobrar sentido, mientras que el sueño es posible afirmar que es sí mismo ya es una interpretación. El síntoma, en cambio, no es una interpretación, sino más bien una invención. …El sueño puede situarse como la incidencia de lo simbólico en lo imaginario, mientras que el síntoma es la incidencia en lo real. Ahora bien, el análisis se funda en el deseo de cobrar sentido y el deseo del analista, que es leer el inconsciente, debe plegarse a esto. Si el análisis se funda en este acuerdo, ¿cómo se sostiene la experiencia analítica? Que se sostenga sólo significa una cosa : se sigue soñando, se pide una análisis para seguir soñando. De aquí que a veces lo que despierta en el sueño, la angustia, justifica que se lo ubique como aparente, como un seudodespertar que sólo está allí para permitir seguir soñando.

Nos preguntamos también si abordar el psicoanálisis por la vía del sueño, que es lo que se ha hecho históricamente, es lo mejor, si ésta es la vía regia. Y si fuera la vía regia, ¿sería por ello la mejor?”

J.A. MILLER, LOS SIGNOS DEL GOCE, Buenos Aires, Paidós, 1998, (pag. 443)

 

CITAS IV

Desde luego, uno debe considerarse responsable de sus mociones oníricas malas. ¿Qué se querría hacer, sino, con ellas? Si el contenido del sueño -rectamente entendido- no es el envío de un espíritu extraño, es una parte de mi ser; si, de acuerdo con criterios sociales, quiero clasificar como buenas o malas las aspiraciones que encuentro en mí, debo asumir la responsabilidad de ambas clases, y si para defenderme digo que lo desconocido, inconsciente, reprimido que hay en mí no es mi “yo”, no me sitúo en el terreno del psicoanálisis, no he aceptado sus conclusiones, y acaso la crítica de mis prójimos, las perturbaciones de mis acciones y las confusiones de mis sentimientos me enseñen algo mejor. Puedo llegar a averiguar que eso desmentido por mí no sólo “está” en mí, sino en ocasiones también “produce efectos” desde mí.

 

Freud, S. Algunas notas adicionales a la interpretación de los sueños en su conjunto. B) La responsabilidad moral por el contenido de los sueños. En Amorrortu, Buenos Aires, 1992 (1925). Tomo XIX. Pag 135.

 

Hay sueños donde puede hacerse presente un goce no tomado en la máquina ficcional, interdictiva, donde el goce como acontecimiento de cuerpo se hace presente. Así mismo, en ciertas psicosis el sueño no llama a la interpretación y puede ser una manera de aplacar la voz insoportable de la alucinación”.

Miller, J.-A., El ser y el uno, inédito clase del 2 de marzo de 2011.

 

La oportunidad de intervención en el texto de un sueño debe ser calculada, al punto de retroceder a veces el sentido para cortarle la ruta a las consecuencias demasiado peligrosas; la verdad que debemos servir no se separa del juicio que acompaña al deseo del analista.

Al igual que el inconsciente, el sueño interpreta, pero a menudo lo hace en la imprecisión, en lo falso, incluso como una mentira desvergonzada, una torpe astucia. […]La apuesta del sueño no es la de satisfacer el culto ilimitado del inconsciente, porque es preciso abordarlo en la transferencia.

Por cierto, el sueño es “la vía real”, pero también la ventaja inesperada que ofrece el medio – a menudo el más adecuado- para restablecer o establecer el discurso analítico por la respuesta que se le formule.

 

Leguil, F. Sueño y real. En Brisas clínicas: Sueño y final de análisis. Grama, Buenos Aires 2012.