Destellos IX

 

“DESTELLO” DE MÓNICA MARÍN

 

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¿Pasará / no pasará …? (en torno al sueño y al fantasma)

En ocasiones, alguien nos consulta por un sufrimiento causado en la noche debido a pesadillas recurrentes que le despiertan del sueño.

Pesadillas que no sólo interrumpen el descanso, sino que además tiñen el ir a dormir de miedo e intranquilidad.

Sigmund Freud nos ha enseñado que el sueño logra envolver la actividad psíquica por medio de una puesta en escena en la que los deseos del soñante aparecen como realizados, permitiéndole de esta manera, seguir durmiendo.

Para él, que sabía descifrar en el sueño el deseo realizado, el soñar enviaba una suerte de mensaje al soñante: mira, lo que deseabas está ocurriendo, no es el caso que te levantes a actuar puesto que te encuentras ante la anhelada realización.

Mayormente es así, los sueños convencen al soñante, que se despertará a su hora, cuando la realidad lo llame a sus deberes.

Mientras que la pesadilla, en cambio, lo despierta en medio de la noche dejando al sujeto desamparado frente al horror presentado. Y, anidando, además, la sospecha de que el desamparo que experimenta, se debe a que , precisamente, durante el día “olvidó” dicho desamparo respecto a esa cosa que la pesadilla se empecina en presentar.

Por eso podemos decir que la pesadilla es un fracaso, un fracaso de la actividad de soñar, que no logra inventar un “cuento” que solucione a través de la ficción, el angustiante problema.

Pero también podemos decir que la pesadilla logra algo más que un sueño común: logra traer una escena, una idea, una palabra, una cosa, que por insoportables fueron excluidas de los funcionamientos a través de los cuales el sujeto construye su mundo como un mundo soportable.

La pesadilla trae consigo algo incompatible con el mundo en el cual “ se puede vivir”, confrontando al soñante con un asunto real, no cubierto por el velo del fantasma, ni , por lo tanto, ordenado en la realidad de su mundo.

En ese punto en que algo del sujeto ha dicho no pasará, y olvida cuanto y cuan de cerca el asunto le concierne, la pesadilla dice: pasará, pasará.!

Mónica Marín. Psicoanalista, Bilbao. Analista Miembro de la Escuela (AME) de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) y la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Docente del ICF. Directora del CPBI. Directora de la Antena Clínica de Bilbao.

 

“DESTELLO” DE ELENA USOBIAGA

 

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Sueños para despertar

¿«Qué son los sueños, sino sueños relatados? Solo en el proceso de su relato se lee lo que Freud llama su sentido[1] Se pregunta Lacan, poniendo de relieve la importancia de los sueños en análisis, es decir bajo transferencia y de su relato.

El título de la próxima de la Conversación, me produjo un efecto de despertar. Despertar que señalaba para Freud el punto de fallo de la función del sueño, cómo guardián del dormir.

Freud a lo largo de toda su obra se interrogó por este punto de fallo de esta función, de la que nunca se desdijo.

No me detendré aquí, pero si citar cómo Freud trabajó en los diferentes momentos de su obra lo que ponía en cuestión este principio: de entrada los sueños de angustia y los punitivos, así como “El ombligo del sueño” cómo límite a la interpretación, ya presente desde la Traumdeutung. Y más tarde, los sueños de repetición y los sueños traumáticos o de guerra, a los que dedicó un capítulo de “Más allá del principio del placer”( 1920) y en las “Nuevas Conferencias de introducción al Psicoanálisis”-(Conferencia 29) (1932).

Y respondiendo a escribir algo breve, “cómo un destello”, me remitiré al efecto que me produjo la interpretación de Lacan sobre el «Sueño de la inyección de Irma» de Freud:

«En esta casa, el 24 de julio de 1895, le fue revelado al dr. Sigmund Freud el secreto de los sueños». Es la conocida frase que Freud, en su carta del 12 de Junio de 1900, le escribe a Flies, tras una visita a Bellevue, casa dónde tuvo este sueño. «¿Crees, le pregunta con cierto humor, que algún día se colocará en esa casa una placa de mármol, con la siguiente inscripción? ».

Lacan dedica dos capítulos de su Seminario 2, al análisis de este sueño de Freud, situándonos cómo receptores del sueño: “Así como en un análisis el sueño se dirige al analista, Freud, en ese sentido, ya se está dirigiendo a nosotros (…) No es simplemente para sí mismo que encuentra el alfa y omega del sujeto acéfalo que representa su inconsciente”.[2]

Lacan pone de manifiesto algo que Freud trata a lo largo de toda su obra, la importancia del analista cómo destino del sueño “Hay dos operaciones: tener el sueño e interpretarlo. Interpretar es una operación en la cual intervenimos. Pero no olviden que en la mayoría de los casos también intervenimos en la primera,(…)sino que cómo ya estamos, a título de analistas, en la vida del sujeto, ya estamos en su sueño”.[3]

Y se pregunta: “¿Cómo es posible que Freud, quien más adelante desarrollará la función del deseo inconsciente, se limite a presentar, como primer paso de su demostración, un sueño enteramente explicado por la satisfacción de un deseo que sólo podemos llamar preconsciente, e incluso completamente consciente?” y continua: “A primera vista, podría decirse que aún no se ha dado el paso decisivo, (…) pero si siente que ha dado un paso es porque lo ha dado.” [4]

Vemos a Freud en este sueño, llegando al punto de máxima angustia, y a pesar de ello, señala Lacan, no se despierta. Después aparece atravesando el plano de las identificaciones imaginarias, con los tríos de hombres que han contado en su vida, hasta llegar a un segundo momento crucial en el que aparece escrita la fórmula de la Trimetilamina, fórmula que reúne tres tríos de tríos:

       CH3

AZ- CH3

       CH3

Este sueño nos revela, pues, lo siguiente: lo que está en juego en la función del sueño se encuentra más allá del ego, lo que en el sujeto es del sujeto y no es del sujeto, es el inconsciente.”[5]

Lacan concluye la interpretación de este sueño cómo del “deseo de analista” de Freud.

Pero, Freud tardó 5 largos años entre este sueño y escribir la Traumdeutung y la carta a Flies. ¿Podríamos decir que entre un “destello” y “el tiempo de comprender”, puede pasar mucho tiempo?

Interesante…¡El momento de despertar!

[1] Jacques Lacan- Conferencia de Ginebra. Pag. 124 Intervenciones y Textos 2 Editorial Manantial

[2] Jacques Lacan. El Seminario 2-El Yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica (1954-1955) Ediciones Paidos. Pag.258.

[3] Ibíd. Pag. 232.

[4] Ibíd. Pag 231.

[5] Ibíd. Pag 241.

 

Elena Usobiaga es Médico-psiquiatra, psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP. Es socia de TEADIR-Euskadi.

 

 

“DESTELLO” DE SHULA ELDAR

 

Foto Shula Eldar

Hay el deseo de seguir durmiendo y hay el deseo de despertar.

Para que se produzca un destello de despertar es preciso que algo tire. 1Con su hallazgo del ombligo del sueño Freud introdujo el fracaso del sentido; su desfallecimiento al tocar un límite. Lacan señal su función de marca, de estigma de la manera en que cada uno se anuda al lenguaje.

Acercarse a ese nudo entre real y simbólico presente en el núcleo de la trama del sueño, despierta. Puede ser un despertar agitado por la angustia, – ¿Padre no ves que ardo? –, pero puede presentarse, también, como la revelación de algo puramente contingente.

Al comienzo de una sesión, un analizante que está intentando encontrar su estilo en la escritura, relató sin ninguna angustia, lo que le acababa de suceder.

“Mientras estaba en la sala de espera me quedé dormido. No pueden haber sido más de dos o tres minutos. Y tuve un sueño. Al despertar solo recordé algo muy breve…casi se me olvida.” “La mano de una mujer tiraba de otra mano. Para subir una roca o salir del mar…una mano era de mujer pero la otra no sé si era un hombre o una mujer, yo solo veía las manos. Una tiraba de la otra”. “No puedo decir nada de esto”.

Después de unos momentos agregó lo siguiente: “Mi madre tiene un talento para hacer dormir a los bebés. Dice que sólo hace falta hablarles; nada importa en qué lengua, ni si lo que se dice tiene el más mínimo sentido.”

El despertar no se produjo por el “knock” que hace volver a la realidad. El sujeto pudo sostenerse un instante al borde del agujero donde el deseo se hace inarticulable. De ahí el resto que rescata del olvido absoluto. Naturalmente embrollado en sus laberintos mentales, el efecto contingente de ese sueño, que no llamaba a ninguna interpretación, fue algo revelador puesto que al no efectuarse la significación el sueño tuvo un efecto de real.2

En el sueño algo tira. Hay dos manos que no se complementan.

Se sitúan dos litorales: el horizonte que podría verse en perspectiva más allá de la roca y el borde del mar donde algo quiere aparecer. Lo contingente aparece entre los bordes, en la brecha entre la palabra y la letra, allí donde el sueño no comunica nada.3

La lalación no es otra cosa que lalengua como función de lo real.

1 – Jaques Lacan. Seminario 21: Les non dupes errent. Inédito. Clase del 20 de noviembre de 1973.

2 – Serge Cottet. “Los límites de la interpretación del sueño en Freud”. Freudiana 86. P. 108.

3 – Jacques Lacan . Conférences et entretiens aux Etats-Unies. Scilicet 6/7. P.31. Éditions du Seuil, 1976.

Shula Eldar, psicoanalista en Barcelona, Analista Miembro de la Escuela (AME) de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) y la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), AE (1998-2001).

“DESTELLO” DE ANA RUTH NAJLES

Foto ARN

Sueños de ayer y de hoy

Para S. Freud el sueño se reveló desde el comienzo como una realización de deseos.

Para Lacan, el deseo es su interpretación, vale decir, que el deseo es ya una interpretación del fantasma o del goce.

Cuando J.A. Miller plantea ‘el inconsciente intérprete’, lo que afirma con Lacan es que es el inconsciente el que interpreta en tanto no hay metalenguaje para el ser que habla. Y esta interpretación da una versión del fantasma que permite el goce del Uno: iteración del Uno solo.

Con Freud también sabemos que la interpretación de los sueños llega a lo que él llamó el ombligo del sueño, punto que en el sueño presentifica e indica el real del psicoanálisis: ‘no hay relación sexual’.

Por lo tanto, el analista, que forma parte del concepto de inconsciente,[1]siempre apunta con su interpretación a ese ombligo, a ese goce que circula entre los significantes y que ‘nunca llegará a enunciarse’. [2]

Volviendo al principio, se torna evidente así la afirmación de Lacan [3] respecto de que es a causa del despertar de sus sueños que el amor aparece para suplir la ausencia de relación sexual entre los seres hablantes.

Un ejemplo

Se trata de una joven de 12 años que llega a mi consulta ya hace muchos años, llevada por su madre -que se formaba como analista- por síntomas de anorexia. En el curso de las entrevistas preliminares esta cuestión se evidencia como secundaria en los dichos de la joven, quien desde el inicio se presenta con una  ostensible posición de rebeldía y de reproche hacia su madre. Además, se queja del hecho de ser mujer ya que considera que eso es ‘aburrido’ y ‘desventajoso’.

Al cabo de unos meses de entrevistas se producen dos sueños impactadores (sic) y una ensoñación diurna ligada asociativamente a ellos.

Primer sueño:

El señor Martín le da un auto Sierra (marca de coche de aquella época) y le pide a cambio que vaya a buscarlo los sábados al supermercado. Ella piensa todo el tiempo en ese auto.

Segundo sueño: Ella entra en una peluquería que está abierta pero no hay nadie. Roba una pavada, para su íntima amiga y, cuando salen, las rodean seis hombres, uno de ellos con una pistola espacial.  Le quieren robar las zapatillas y el auto; ella se niega y grita: ‘policía’, pero el policía no va porque está jugando con un perrito. Cinco hombres salen corriendo cuando ella grita pero queda el de la pistola; la amiga corre a buscar al policía.

Ahora ella le grita ‘boludo’ a ese mismo policía al que antes había pedido socorro. Al final vuelve la amiga y ambas se escapan en el auto. Le ‘impacta’ el auto porque le gusta.

Ensoñación de duermevela: ella tiene dos hermanos; a la hermana Estela el padre le regala un Sierra y a Eduardo, un BMW.

En estos sueños se pone en forma toda la novela edípica y todas las identificaciones simbólico/imaginarias de esta joven.

Se evidencia que en el primer sueño el nombre del señor es el de su padre. Además, el nombre de ella tiene las mismas iniciales que el de él: M.Z.

El auto que el señor le da a ella en el primer sueño es el mismo que en el tercero le da a su ‘hermana Estela’. Esta joven es hija única, siendo Estela el nombre de la actual mujer del padre, y Eduardo -el supuesto hermano- el nombre de un compañero de colegio que a ella le gusta.

Se trata aquí del joven de sus amores, ‘personaje viril’ a quien se identifica en su yo.

Además, el significante robo remite a su madre, que en una ocasión fue apresada en un supermercado ante la aterrada mirada de la niña de 3 años.

Por otra parte, el epíteto que le grita al policía -boludo-, es el mismo con el que ya había calificado al padre en alguna ocasión.

La ensoñación diurna aparece ante mi pedido de asociaciones luego del relato del segundo sueño, y se ‘muestra’ como una interpretación del fantasma de ‘ser hombre y mujer’ al mismo tiempo, vale decir, de gozar de todo.

Esta entrevista sitúa el momento de la puesta en acto del inconsciente bajo transferencia y, por tanto, de la entrada en análisis de esta parlêtre.[4]

 

[1]J. Lacan, Seminario XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidos, Bs. As. 1992.

[2]Eric Laurent, ‘Interpretar la psicosis’, en ¿Cómo se enseña la clínica?, Cuadernos del Instituto Clínico de Buenos Aires, 2007

[3]J. Lacan, ‘El despertar de la primavera’, Intervenciones y textos 2, Ed. Manantial, Buenos Aires, 2001

[4]Puede seguirse este caso completo en: Modos de entrada en análisis y sus consecuencias, Ed. Eolia-Paidós, Buenos Aires, 1995.

Ana Ruth Najles es psicoanalista en Madrid, miembro y Analista Miembro (AME) de la Escuela de la Orientación lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Docente del Instituto Clínico de Buenos Aires (ICBA).

 

“DESTELLO” DE FRANCESC VILÀ

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Escribo este Destello en serie con los anteriores. El tema de la Conversación, los sueños en el tiempo de la cura, lo hace propicio.

 

Examinaré algunas formaciones del inconsciente al inicio de la cura de una soñante que llega a mi consulta animada por su hermana. Persona quien confía en la experiencia analítica por los resultados terapéuticos que en su día obtuvo.

 

De hecho la futura analizante, con su sueños, inventa una fixión, bajo transferencia, que frena la angustia omnipresente.

 

Esperanza dice que quiere hacer zafarrancho de su vida. Sus duelos son interminables. La mayor parte del día la pasa, cuando no trabaja, zambullida en la viscosidad líquida de sus recuerdos. Los llora. Y, al límite, los bebe.

 

Las ensoñaciones y reminiscencias son su compañía.

 

La hermana quiere que ponga freno a eso que ha puesto patas para arriba su casa y su cuerpo.

 

Esperanza teme los momentos grillo en la conversación con el psicólogo. Momentos muy incomodos donde el silencio quizá no le deje otro camino que el de la confesión de lo que hace con su vida. Y muestre su degradación a ojos de un profesional notable. El analista no la busca y, en palabras de Shula Eldar, prepara el terreno de la cura para que sea posible una lalación futura.

 

La puesta en escena que brindan las formaciones del inconsciente frena el pasará de la degradación.

 

 

Sueños que se dirigen al analista.

Usobiaga da la pista. Esperanza pone humor en los primeros pasos del análisis soñando para el analista.

 

Yo estaba en una sala llena de gente imputada por robo… Estaba rodeada de compañeras del colegio, mi mejor amiga… multitud de periodistas. Me sorprendió verle a usted entre ellos.

Una compañera del cole que luego hizo abogados me dijo que el juez era bastante entendido en la materia de robos y chantajes.

Yo me asustaba porque estaba allí simplemente por no decir nada. Me preguntaba si estaba allí por encubrir un delito de robo. Estaba saturada. Quería ayudar y les comentaba que no les podía pasar nada. No tenían antecedentes ni habían estado fichados. Me desperté.

Me sorprendía la gran multitud de periodistas y, sobretodo, el juez que parecía ser lo más en estos temas. Me agobiaba. Lo sé estoy un poco chalada.

 

Reímos juntos la magnífica escena del sueño y, también, mi presencia entre los periodistas.

 

Su interpretación la llevó a la época del colegio y a sus amigas. La enfermedad de la madre la robo su adolescencia y, aún hoy en día se siente culpable del avance de la enfermedad porque le hacía masajes de drenaje linfático que, quizá, no eran indicados. A la muerte de la madre ella ocupó su lugar en la casa y cuidó a un padre que fue perdiendo la vida entre el dolor de la casa vacía y la bebida en el bar.

 

 

Sueños muy reales.

Ella va a trabajar al País Vasco. Sus hermanos van a verla. Ella lo sabe porque su billete de autobús es azul y sus hermanos viajan en avión.

Están en hoteles distintos. Sus toallas son amarillas. No le inquieta porque el País Vasco y Catalunya comparten apuestas políticas parecidas. Pero le extraña.

El paisaje, verde, con montañas…, cercano al hotel, es muy real…

Es un paisaje que recuerda las vacaciones familiares en Galicia, en la aldea donde nació su madre.

 

La fraternidad y la rivalidad impregnan el sueño. Ella, la pequeña, siempre iba a remolque de su hermano y su hermana. Un día se cayó atravesando el arroyo y, mojada y todo, sus hermanos le hicieron befa.

 

Estos sueños, sus interpretaciones, reconstituyen unos síntomas que la alejan de los circuitos metonímicos pulsionales orales de su neurosis básica tipo Edmund Bergler. La coleccionista de injusticias con el tiempo descubrirá, no sin sorpresa, que el hacerse rechazar tan lastimoso encubre la pasión de ser devorada o engullida por el partener maternal[1].

 

Termino con palabras de Najles: el deseo es su interpretación, vale decir, que el deseo es ya una interpretación del fantasma o del goce.

 

Julio, 2019.

[1] Jacques Lacan El Seminario. Libro XIV. La lógica del fantasma. Sesión del 10 de mayo 1967.

Francesc Vilà es psicoanalista en Barcelona, AME de la ELP y de la AMP.

 

“DESTELLO” DE IRENE KUPERWAJS

La pista de un sueño

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A lo largo de mi experiencia analítica los sueños funcionaron como pistas, boyas que me indicaron por dónde andaba y hacia dónde ir. Algunos de ellos anudaron un real pulsional, no solamente al final. Un sueño del comienzo de mi último análisis ilustra esta perspectiva.

Mi primer análisis apuntó a reducir el exceso de mirada y a sintomatizar una inhibición para hablar. Algunos meses después de la muerte del analista con quien me había analizado ocho años, comienzo el análisis que me llevará hasta el pase.

Un sueño irrumpe en la primera sesión.

“El analista anterior yace sobre el diván de su consultorio con los labios cosidos”.

El objeto oral se presentaba, de entrada, por la vía del silencio, pura pulsión oral que se cierra en su satisfacción, resto que no había sido analizado. El goce autista del síntoma -el callar- se enlazó al Otro en la transferencia. “En boca cerrada no entran moscas”; la palabra aparecía abrochada al silencio y a la muerte.

En el análisis localizo la identificación al rasgo paterno “aguantar”. No decir, para evitar morir.

El trabajo analítico continuó localizando el objeto oral como partenaire del sujeto en la construcción y atravesamiento del fantasma.

El sueño había señalado al comienzo del análisis el real pulsional en juego que me confrontaría con lo imposible de decir. “Aparentemente eso no sabe lo que quiere”1 afirma Lacan, pero eso quiere gozar.

Desembrollarme de esto me llevó 15 años más.

 

 

1.Lacan J. , El Seminario, Libro XVI, Paidos, Buenos Aires, 2008, p183.

 

Irene Kuperwajs (AE 2019-2022), Miembro de la EOL y de la AMP, docente del ICdeBA

 

“DESTELLO” DE LIDIA RAMIREZ

 

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Hija de la noche

La definición de destello según la RAE implica un resplandor vivo y efímero, una ráfaga de luz que se enciende y amengua o apaga casi instantáneamente.

Encontré, en la conferencia 29 titulada “Revisión de la doctrina de los sueños” este llamado de Freud a los psicoanalistas: “Los analistas se comportan como si no tuvieran nada más que decir sobre el sueño, como si la doctrina de los sueños estuviera concluida”[1] . Sabemos que a Freud el enigma del sueño, lo causó, que hizo de él, un analizante[2].

Inspirado en la definición que da Aristóteles sobre la vida onírica “el modo en que nuestra alma trabaja durante el estado de dormir”, Sigmund Freud insistió en la importancia del trabajo que el sueño realiza trasmudando los pensamientos oníricos en un contenido manifiesto. Al mismo tiempo que se preguntaba si el sueño tenía una función, “si está encargado de alguna operación útil” [3] para responder que la eficacia del sueño radica en “el deseo de dormir”.

Articulando deseo inconsciente y deseo de dormir, Freud interpreta que en todo sueño una moción pulsional se satisface. Esta moción pulsional es “hija de la noche, pertenece al inconsciente del soñante”.

Efectivamente, el inconsciente no es el soñante. “Es para no despertar al inconsciente que el sujeto sueña”[4]. El sueño es ya una interpretación en la que “todos los recursos lingüísticos mediante los cuales se expresan las relaciones más finas entre los pensamientos, las conjunciones y preposiciones, las variaciones de la declinación y la conjugación, desaparecen, porque les faltan los medios que les permitirían figurarse; como en un lenguaje primitivo sin gramática, sólo se expresa la materia en bruto del pensar, lo abstracto es reconducido a lo concreto que está en su base”[5].

Es como si el sueño se expresara en los caracteres de la lalengua, “un lenguaje primitivo sin gramática”. Entonces la pregunta que se impone es ¿quién sueña? Y ¿de qué satisfacción se trata?

Esta “hija de la noche” parece haber conducido a Freud a incluir en su estudio sobre el sueño ese límite que designó como el ombligo del sueño: “Aún en los sueños mejor interpretados es preciso a menudo dejar un lugar en sombras, porque en la interpretación se observa que de ahí arranca una madeja de pensamientos oníricos que no se dejan desenredar, pero que tampoco han hecho otras contribuciones al contenido del sueño. Entonces ese es el ombligo del sueño, el lugar en que él se asienta en lo no conocido. Los pensamientos oníricos con que nos topamos a raíz de la interpretación tienen que permanecer sin clausura alguna y desbordar en todas las direcciones dentro de la enmarañada red de nuestro mundo de pensamientos. Y desde un lugar más espeso de ese tejido se eleva luego el deseo del sueño como el hongo de su micelio[6].

“El deseo del sueño”, ese destello tan deslumbrante como opaco. Hay ahí un índice de real que Lacan destacó en su análisis del sueño “padre ¿no ves que me abraso?”[7] Y a raíz del cual Freud nos indica “tropezamos con la imposibilidad de esclarecer el sueño como hecho psíquico…y deberemos tener el cuidado de no devanarlos mucho más de su primera articulación lógica, pues de lo contrario su valor se perdería en lo indeterminable”[8]

Una joven paciente se pregunta qué puede significar su sueño: estoy en medio de todos los zombis y tengo la regla. Es un sueño que tiene en transferencia, que muestra y engaña, que abre y cierra, que tiene sentido y no lo tiene, pero que la interroga y le hace continuar su análisis.

 

[1] Freud, S. “Revisión de la doctrina de los sueños”. Obras Completas, vol. 22, Amorrortu editores, p. 8

[2] Cottet, S. “Freud analizante”, 12 estudios freudianos, Unsam edita, p.59

[3] Op.cit., p. 16

[4] Cottet, S. Los límites de la interpretación del sueño en Freud. Freudiana 86. Barcelona, 2019

[5] Ibídem, p. 19

[6] Freud, S. Sobre la psicología de los procesos oníricos. El olvido de los sueños. Obras Completas, vol. 5 Amorrortu editores, p. 519

[7] Ibídem, p. 506

[8] Ibídem, p. 506

 

Lidia Ramírez, psicoanalista en Barcelona. Miembro de la ELP y de la AMP. AE en ejercicio.