Destellos IX

 

“DESTELLO” DE MÓNICA MARÍN

 

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¿Pasará / no pasará …? (en torno al sueño y al fantasma)

En ocasiones, alguien nos consulta por un sufrimiento causado en la noche debido a pesadillas recurrentes que le despiertan del sueño.

Pesadillas que no sólo interrumpen el descanso, sino que además tiñen el ir a dormir de miedo e intranquilidad.

Sigmund Freud nos ha enseñado que el sueño logra envolver la actividad psíquica por medio de una puesta en escena en la que los deseos del soñante aparecen como realizados, permitiéndole de esta manera, seguir durmiendo.

Para él, que sabía descifrar en el sueño el deseo realizado, el soñar enviaba una suerte de mensaje al soñante: mira, lo que deseabas está ocurriendo, no es el caso que te levantes a actuar puesto que te encuentras ante la anhelada realización.

Mayormente es así, los sueños convencen al soñante, que se despertará a su hora, cuando la realidad lo llame a sus deberes.

Mientras que la pesadilla, en cambio, lo despierta en medio de la noche dejando al sujeto desamparado frente al horror presentado. Y, anidando, además, la sospecha de que el desamparo que experimenta, se debe a que , precisamente, durante el día “olvidó” dicho desamparo respecto a esa cosa que la pesadilla se empecina en presentar.

Por eso podemos decir que la pesadilla es un fracaso, un fracaso de la actividad de soñar, que no logra inventar un “cuento” que solucione a través de la ficción, el angustiante problema.

Pero también podemos decir que la pesadilla logra algo más que un sueño común: logra traer una escena, una idea, una palabra, una cosa, que por insoportables fueron excluidas de los funcionamientos a través de los cuales el sujeto construye su mundo como un mundo soportable.

La pesadilla trae consigo algo incompatible con el mundo en el cual “ se puede vivir”, confrontando al soñante con un asunto real, no cubierto por el velo del fantasma, ni , por lo tanto, ordenado en la realidad de su mundo.

En ese punto en que algo del sujeto ha dicho no pasará, y olvida cuanto y cuan de cerca el asunto le concierne, la pesadilla dice: pasará, pasará.!

Mónica Marín. Psicoanalista, Bilbao. Analista Miembro de la Escuela (AME) de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) y la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Docente del ICF. Directora del CPBI. Directora de la Antena Clínica de Bilbao.

 

“DESTELLO” DE ELENA USOBIAGA

 

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Sueños para despertar

¿«Qué son los sueños, sino sueños relatados? Solo en el proceso de su relato se lee lo que Freud llama su sentido[1] Se pregunta Lacan, poniendo de relieve la importancia de los sueños en análisis, es decir bajo transferencia y de su relato.

El título de la próxima de la Conversación, me produjo un efecto de despertar. Despertar que señalaba para Freud el punto de fallo de la función del sueño, cómo guardián del dormir.

Freud a lo largo de toda su obra se interrogó por este punto de fallo de esta función, de la que nunca se desdijo.

No me detendré aquí, pero si citar cómo Freud trabajó en los diferentes momentos de su obra lo que ponía en cuestión este principio: de entrada los sueños de angustia y los punitivos, así como “El ombligo del sueño” cómo límite a la interpretación, ya presente desde la Traumdeutung. Y más tarde, los sueños de repetición y los sueños traumáticos o de guerra, a los que dedicó un capítulo de “Más allá del principio del placer”( 1920) y en las “Nuevas Conferencias de introducción al Psicoanálisis”-(Conferencia 29) (1932).

Y respondiendo a escribir algo breve, “cómo un destello”, me remitiré al efecto que me produjo la interpretación de Lacan sobre el «Sueño de la inyección de Irma» de Freud:

«En esta casa, el 24 de julio de 1895, le fue revelado al dr. Sigmund Freud el secreto de los sueños». Es la conocida frase que Freud, en su carta del 12 de Junio de 1900, le escribe a Flies, tras una visita a Bellevue, casa dónde tuvo este sueño. «¿Crees, le pregunta con cierto humor, que algún día se colocará en esa casa una placa de mármol, con la siguiente inscripción? ».

Lacan dedica dos capítulos de su Seminario 2, al análisis de este sueño de Freud, situándonos cómo receptores del sueño: “Así como en un análisis el sueño se dirige al analista, Freud, en ese sentido, ya se está dirigiendo a nosotros (…) No es simplemente para sí mismo que encuentra el alfa y omega del sujeto acéfalo que representa su inconsciente”.[2]

Lacan pone de manifiesto algo que Freud trata a lo largo de toda su obra, la importancia del analista cómo destino del sueño “Hay dos operaciones: tener el sueño e interpretarlo. Interpretar es una operación en la cual intervenimos. Pero no olviden que en la mayoría de los casos también intervenimos en la primera,(…)sino que cómo ya estamos, a título de analistas, en la vida del sujeto, ya estamos en su sueño”.[3]

Y se pregunta: “¿Cómo es posible que Freud, quien más adelante desarrollará la función del deseo inconsciente, se limite a presentar, como primer paso de su demostración, un sueño enteramente explicado por la satisfacción de un deseo que sólo podemos llamar preconsciente, e incluso completamente consciente?” y continua: “A primera vista, podría decirse que aún no se ha dado el paso decisivo, (…) pero si siente que ha dado un paso es porque lo ha dado.” [4]

Vemos a Freud en este sueño, llegando al punto de máxima angustia, y a pesar de ello, señala Lacan, no se despierta. Después aparece atravesando el plano de las identificaciones imaginarias, con los tríos de hombres que han contado en su vida, hasta llegar a un segundo momento crucial en el que aparece escrita la fórmula de la Trimetilamina, fórmula que reúne tres tríos de tríos:

       CH3

AZ- CH3

       CH3

Este sueño nos revela, pues, lo siguiente: lo que está en juego en la función del sueño se encuentra más allá del ego, lo que en el sujeto es del sujeto y no es del sujeto, es el inconsciente.”[5]

Lacan concluye la interpretación de este sueño cómo del “deseo de analista” de Freud.

Pero, Freud tardó 5 largos años entre este sueño y escribir la Traumdeutung y la carta a Flies. ¿Podríamos decir que entre un “destello” y “el tiempo de comprender”, puede pasar mucho tiempo?

Interesante…¡El momento de despertar!

[1] Jacques Lacan- Conferencia de Ginebra. Pag. 124 Intervenciones y Textos 2 Editorial Manantial

[2] Jacques Lacan. El Seminario 2-El Yo en la teoría de Freud y en la técnica psicoanalítica (1954-1955) Ediciones Paidos. Pag.258.

[3] Ibíd. Pag. 232.

[4] Ibíd. Pag 231.

[5] Ibíd. Pag 241.

 

Elena Usobiaga es Médico-psiquiatra, psicoanalista, miembro de la ELP y de la AMP. Es socia de TEADIR-Euskadi.

 

 

“DESTELLO” DE SHULA ELDAR

 

Foto Shula Eldar

Hay el deseo de seguir durmiendo y hay el deseo de despertar.

Para que se produzca un destello de despertar es preciso que algo tire. 1Con su hallazgo del ombligo del sueño Freud introdujo el fracaso del sentido; su desfallecimiento al tocar un límite. Lacan señal su función de marca, de estigma de la manera en que cada uno se anuda al lenguaje.

Acercarse a ese nudo entre real y simbólico presente en el núcleo de la trama del sueño, despierta. Puede ser un despertar agitado por la angustia, – ¿Padre no ves que ardo? –, pero puede presentarse, también, como la revelación de algo puramente contingente.

Al comienzo de una sesión, un analizante que está intentando encontrar su estilo en la escritura, relató sin ninguna angustia, lo que le acababa de suceder.

“Mientras estaba en la sala de espera me quedé dormido. No pueden haber sido más de dos o tres minutos. Y tuve un sueño. Al despertar solo recordé algo muy breve…casi se me olvida.” “La mano de una mujer tiraba de otra mano. Para subir una roca o salir del mar…una mano era de mujer pero la otra no sé si era un hombre o una mujer, yo solo veía las manos. Una tiraba de la otra”. “No puedo decir nada de esto”.

Después de unos momentos agregó lo siguiente: “Mi madre tiene un talento para hacer dormir a los bebés. Dice que sólo hace falta hablarles; nada importa en qué lengua, ni si lo que se dice tiene el más mínimo sentido.”

El despertar no se produjo por el “knock” que hace volver a la realidad. El sujeto pudo sostenerse un instante al borde del agujero donde el deseo se hace inarticulable. De ahí el resto que rescata del olvido absoluto. Naturalmente embrollado en sus laberintos mentales, el efecto contingente de ese sueño, que no llamaba a ninguna interpretación, fue algo revelador puesto que al no efectuarse la significación el sueño tuvo un efecto de real.2

En el sueño algo tira. Hay dos manos que no se complementan.

Se sitúan dos litorales: el horizonte que podría verse en perspectiva más allá de la roca y el borde del mar donde algo quiere aparecer. Lo contingente aparece entre los bordes, en la brecha entre la palabra y la letra, allí donde el sueño no comunica nada.3

La lalación no es otra cosa que lalengua como función de lo real.

1 – Jaques Lacan. Seminario 21: Les non dupes errent. Inédito. Clase del 20 de noviembre de 1973.

2 – Serge Cottet. “Los límites de la interpretación del sueño en Freud”. Freudiana 86. P. 108.

3 – Jacques Lacan . Conférences et entretiens aux Etats-Unies. Scilicet 6/7. P.31. Éditions du Seuil, 1976.

Shula Eldar, psicoanalista en Barcelona, Analista Miembro de la Escuela (AME) de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (ELP) y la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP), AE (1998-2001).

“DESTELLO” DE ANA RUTH NAJLES

Foto ARN

Sueños de ayer y de hoy

Para S. Freud el sueño se reveló desde el comienzo como una realización de deseos.

Para Lacan, el deseo es su interpretación, vale decir, que el deseo es ya una interpretación del fantasma o del goce.

Cuando J.A. Miller plantea ‘el inconsciente intérprete’, lo que afirma con Lacan es que es el inconsciente el que interpreta en tanto no hay metalenguaje para el ser que habla. Y esta interpretación da una versión del fantasma que permite el goce del Uno: iteración del Uno solo.

Con Freud también sabemos que la interpretación de los sueños llega a lo que él llamó el ombligo del sueño, punto que en el sueño presentifica e indica el real del psicoanálisis: ‘no hay relación sexual’.

Por lo tanto, el analista, que forma parte del concepto de inconsciente,[1]siempre apunta con su interpretación a ese ombligo, a ese goce que circula entre los significantes y que ‘nunca llegará a enunciarse’. [2]

Volviendo al principio, se torna evidente así la afirmación de Lacan [3] respecto de que es a causa del despertar de sus sueños que el amor aparece para suplir la ausencia de relación sexual entre los seres hablantes.

Un ejemplo

Se trata de una joven de 12 años que llega a mi consulta ya hace muchos años, llevada por su madre -que se formaba como analista- por síntomas de anorexia. En el curso de las entrevistas preliminares esta cuestión se evidencia como secundaria en los dichos de la joven, quien desde el inicio se presenta con una  ostensible posición de rebeldía y de reproche hacia su madre. Además, se queja del hecho de ser mujer ya que considera que eso es ‘aburrido’ y ‘desventajoso’.

Al cabo de unos meses de entrevistas se producen dos sueños impactadores (sic) y una ensoñación diurna ligada asociativamente a ellos.

Primer sueño:

El señor Martín le da un auto Sierra (marca de coche de aquella época) y le pide a cambio que vaya a buscarlo los sábados al supermercado. Ella piensa todo el tiempo en ese auto.

Segundo sueño: Ella entra en una peluquería que está abierta pero no hay nadie. Roba una pavada, para su íntima amiga y, cuando salen, las rodean seis hombres, uno de ellos con una pistola espacial.  Le quieren robar las zapatillas y el auto; ella se niega y grita: ‘policía’, pero el policía no va porque está jugando con un perrito. Cinco hombres salen corriendo cuando ella grita pero queda el de la pistola; la amiga corre a buscar al policía.

Ahora ella le grita ‘boludo’ a ese mismo policía al que antes había pedido socorro. Al final vuelve la amiga y ambas se escapan en el auto. Le ‘impacta’ el auto porque le gusta.

Ensoñación de duermevela: ella tiene dos hermanos; a la hermana Estela el padre le regala un Sierra y a Eduardo, un BMW.

En estos sueños se pone en forma toda la novela edípica y todas las identificaciones simbólico/imaginarias de esta joven.

Se evidencia que en el primer sueño el nombre del señor es el de su padre. Además, el nombre de ella tiene las mismas iniciales que el de él: M.Z.

El auto que el señor le da a ella en el primer sueño es el mismo que en el tercero le da a su ‘hermana Estela’. Esta joven es hija única, siendo Estela el nombre de la actual mujer del padre, y Eduardo -el supuesto hermano- el nombre de un compañero de colegio que a ella le gusta.

Se trata aquí del joven de sus amores, ‘personaje viril’ a quien se identifica en su yo.

Además, el significante robo remite a su madre, que en una ocasión fue apresada en un supermercado ante la aterrada mirada de la niña de 3 años.

Por otra parte, el epíteto que le grita al policía -boludo-, es el mismo con el que ya había calificado al padre en alguna ocasión.

La ensoñación diurna aparece ante mi pedido de asociaciones luego del relato del segundo sueño, y se ‘muestra’ como una interpretación del fantasma de ‘ser hombre y mujer’ al mismo tiempo, vale decir, de gozar de todo.

Esta entrevista sitúa el momento de la puesta en acto del inconsciente bajo transferencia y, por tanto, de la entrada en análisis de esta parlêtre.[4]

 

[1]J. Lacan, Seminario XI, Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Paidos, Bs. As. 1992.

[2]Eric Laurent, ‘Interpretar la psicosis’, en ¿Cómo se enseña la clínica?, Cuadernos del Instituto Clínico de Buenos Aires, 2007

[3]J. Lacan, ‘El despertar de la primavera’, Intervenciones y textos 2, Ed. Manantial, Buenos Aires, 2001

[4]Puede seguirse este caso completo en: Modos de entrada en análisis y sus consecuencias, Ed. Eolia-Paidós, Buenos Aires, 1995.

Ana Ruth Najles es psicoanalista en Madrid, miembro y Analista Miembro (AME) de la Escuela de la Orientación lacaniana (EOL) y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). Docente del Instituto Clínico de Buenos Aires (ICBA).