Destello de Gabriela Medin

Los sueños de los niños

En el texto de presentación de la Conversación se destaca la “ función defensiva respetable” del sueño en tanto respuesta del sujeto frente a lo real. Esto me condujo a pensar en los primeros sueños, en los sueños de los niños.

La aparición de los sueños es un indicador relevante. El sueño al igual que el juego, aunque de una forma diferente, constituye una respuesta del niño a lo que no hay, a la hiancia con el Otro, al desajuste estructural.

Tanto Freud como Lacan se interesaron por los sueños de los niños y sacaron muchas enseñanzas de ellos. Freud les dedica una conferencia de la serie de Introducción al psicoanálisis en la que los describe: “son breves, claros, coherentes, de fácil comprensión, unívocos y sobre todo indubitables” [1]. Destaca de ellos que no requieren el esfuerzo de interpretación o de traducción que permite “revertir su desfiguración y sustituir su contenido manifiesto por el latente”[2] , que “no hace falta preguntarle nada al niño que cuenta su sueño” sino que todos los sueños pueden ser explicados a partir de una vivencia del día anterior en la que un deseo quedó incumplido. Cita varios ejemplos que a pesar de su simpleza le permiten concluir , que son “actos anímicos de pleno derecho, comprensibles”  cuyos “dos caracteres principales son cumplimiento de deseo y vivenciar alucinatorio”.

Comenzar a soñar puede pensarse como un momento clave en la constitución del sujeto. Estos primeros sueños se producen en tiempos cercanos a las operaciones fundantes del sujeto: alienación-separación y podemos afirmar que son consecuencia de ellas, en el sentido de que es necesario que la separación del objeto y constitución del Otro se haya producido para que el niño sueñe y relate ese sueño. En algunos sueños que toma Freud en el texto puede percibirse el inicio del movimiento deseante. En ellos encontramos que el Otro a cargo de los cuidados ha frustrado un deseo que se realiza en el sueño. Por ejemplo, en el caso de la niñita que habiendo navegado por primera vez en el lago, lloró amargamente en el desembarcadero porque no quería abandonar la embarcación . Luego sueña “esta noche he viajado por el lago”.

En otros sueños la cercanía en su contenido a las vivencias del día anterior nos muestra el modo en que la metonimia introduce la diferencia y al mismo tiempo una distancia al Otro. Lacan se refiere a esto en el Seminario 3 a propósito del sueño de Anna. Allí nos dice:  “la metonimia no es una metáfora pobre. Cabe decir que la cosa debe tomarse exactamente en sentido contrario: la metonimia es inicial y hace posible la metáfora.(…)¿Hay acaso algo más primitivo como expresión directa de una significación, es decir de un deseo, que lo que Freud cuenta sobre su hijita menor?. Este es el núcleo del pensamiento freudiano. La obra comienza con el sueño, sus mecanismos de condensación y desplazamiento, de figuración, todos pertenecen al orden de articulación metonímica, y sobre esta base puede intervenir la metáfora”[3].

Los primeros sueños infantiles son prueba entonces del encuentro inicial con la no relación sexual, hay en ellos un hablar que aún no se constituyo en un decir, que aún no pasó por la desfiguración propia del retorno de lo reprimido, pero dan cuenta de la hiancia que permite que el deseo del sujeto emerja. Los sueños infantiles dan testimonio del tránsito del parlêtre al sujeto.


[1] Freud S, Conferencias de introducción al psicoanálisis. Octava conferencia: Sueño de niños. En Obras completas . Amorrortu editores. Vol XV. Pag.115.

[2] Ibid, pag.124

[3] Lacan Jacques, El Seminario Libro 3 Las psicosis. Paidos . Pag. 327

Gabriela Medin Gabriela Medin es psicoanalista en Madrid. Miembro de la ELP y la AMP. AE (2020-2023) Licenciada en Psicología.

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