Miller, Jacques-Alain. «L’envers de l’interprétation», La cause freudienne, no 32, febrero, 1996.
Esta comunicación fue anunciada bajo el título “El reverso de la interpretación” y presentada con tres frases: “La interpretación está muerta. No la resucitaremos. Si la práctica es una práctica de hoy, sin saberlo bien todavía, es ineluctablemente postinterpretativa”.
La equivalencia entre el inconsciente y la interpretación
Miller señala que la interpretación es el inconsciente, es decir, que está incluida en el concepto mismo del inconsciente. Esta equivalencia entre inconsciente e interpretación la encontramos al final del Seminario 6 El Deseo y su interpretación cuando Lacan señala que el deseo inconsciente es su interpretación. De esta equivalencia podemos inferir que sería un error situar la interpretación del lado del analista, de su acción, de su decir ya que, bajo este prisma, es el inconsciente el que interpreta y, por ello, la interpretación analítica vendría en segundo lugar y se funda en la interpretación del inconsciente. La interpretación se inscribe en el mismo orden, en el mismo registro que el del inconsciente.
La edad de la interpretación se ha cerrado
La edad de la interpretación, la edad en la que Freud conmocionaba al discurso universal con la interpretación, se ha cerrado. Lo que Lacan sigue llamando “interpretación” ya no es esa interpretación tal y como la conocíamos, aunque más no fuera porque no se ordena con el síntoma sino con el fantasma. Y el fantasma no se interpreta, sino que se construye. El fantasma es una frase que se goza y el síntoma mismo debe pensarse a partir del fantasma, lo que Lacan llama el “sinthoma”.
Una práctica que en el sujeto apunta al “sinthoma” no interpreta a la manera del inconsciente. Interpretar a la manera del inconsciente es quedar al servicio del principio del placer. ¿Qué podría ser interpretar más allá del principio del placer? interpretar en sentido contrario del inconsciente. Extraer el significante como tal, como cifra, como separado de los efectos de significación. El significante solo es siempre un enigma, y es por ello que está falto de interpretación. Esta interpretación necesita la implicación de otro significante, de donde emerge un sentido nuevo.
El delirio de interpretación
El fenómeno elemental pone en evidencia la presencia del significante solo, en suspenso, a la espera de otro significante que le daría un sentido. Por regla general aparece el significante binario del saber que no esconde en este caso su naturaleza de delirio.
La interpretación tiene estructura de delirio, y es por ello que Freud no duda en poner en el mismo plano, sin estratificar, el delirio de Schreber y la teoría de la libido. Si la interpretación que el analista tiene para ofrecer al paciente es del orden del delirio, entonces en efecto, sin duda es mejor callarse. Máxima prudencia.
Retener S2
Hay otra vía, que no es la del delirio ni la del silencio, sino por su reverso. Esta otra vía consiste en retener S2, en no añadirlo con los fines de cernir S1. Es reconducir al sujeto a los significantes propiamente elementales sobre los que, en su neurosis, ha delirado. Entonces, la interpretación propiamente analítica -conservemos la palabra- funciona al revés del inconsciente.
El reverso de la interpretación consiste en cernir al significante como fenómeno elemental del sujeto, y como anterior al momento en el que se haya articulado en la formación del inconsciente que le otorga sentido de delirio. El significante unario, insensato como tal, quiere decir que el fenómeno elemental es primordial. Si hay aquí desciframiento, es un desciframiento que no da sentido.
La psicosis, aquí como en otras partes, pone la estructura al descubierto. Así como el automatismo mental pone en evidencia la xenofobia profunda de la palabra, el fenómeno elemental está ahí para manifestar el estado original de la relación del sujeto con lalengua. Sabe que lo dicho le concierne, que hay significación pero aún no sabe cuál, reconduciendo al sujeto a la perplejidad como fenómeno elemental del sujeto en la lengua.
Lo que llamamos todavía “interpretación” revela la opacidad irreductible en la relación del sujeto con lalengua y es por eso que la interpretación no es ya puntuación. La puntuación pertenece al sistema de la significación, es siempre semántica, efectúa siempre un punto de capitonado. La práctica postinterpretativa, que de hecho toma cada día el relevo de la interpretación, se sitúa no con la puntuación sino con el corte. Imaginemos este corte como una separación entre S1 y S2. La sesión analítica es una unidad a-semántica que reconduce al sujeto a la opacidad de su goce. Ello supone que antes de ser cerrada en bucle sea cortada.
Miller opone aquí, a la vía de la elaboración, la vía de la perplejidad.
Cosme Sánchez