Diagnosticar las dificultades actuales para instalar la transferencia
Dos libros recientes de Domenico Cosenza[1] y de Clotilde Leguil[2] nos hablan de una clínica que se aborda, sobre todo, pero no exclusivamente, en dispositivos públicos y a la que se confrontan las nuevas generaciones de clínicos en formación.
A esta nueva clínica se refiere Clotilde Leguil [3] en un artículo reciente, cuando dice que la práctica del psicoanálisis en estos comienzos del siglo XXI tiene por delante un “obstáculo epistemológico nuevo”. En su opinión, este obstáculo epistemológico va en paralelo con lo que ella llama la inflación del yo o “la creencia en la identidad”.
Al respecto, una serie de artículos recientes de psicoanalistas y colegas de la ECF abordan las dificultades actuales para instalar la transferencia y producir el sujeto en los comienzos de un análisis.
Así, por ejemplo, Monique Amirault,[4] se refiere a cómo, en la gestión de la salud pública, no sólo se prescinde de la dimensión del sujeto, sino que se promocionan las políticas del yo y del disfrute de la abundancia de los objetos técnicos que proporciona el mercado.
Por su parte, Alice Delarue[5] y Eric Zuliani[6] entran en diálogo con Almirault y piensan que este empuje a la creencia en el yo autónomo y en la autodeterminación obligada, es el paradigma de la subjetividad de nuestro tiempo.
A este respecto Anaelle Lebovits-Quenehen[7] sostiene que estamos en la época de la reivindicación de la identidad y que, en consecuencia, lo que venimos encontrando en las primeras entrevistas son sujetos tan identificados a ellos mismos que “no hay sitio para la división subjetiva que hace emerger el inconsciente”.
Volviendo a Leguil y a su afirmación de que la práctica analítica actual tenía por delante un obstáculo epistemológico, he encontrado, en la página 100 de su libro de 2018[8], un párrafo que viene a decir que el Zeitgeist, el espíritu de la época, pone a disposición de los ciudadanos “un saber prefabricado sobre su ser” y les ofrece “una acumulación de saber sobre sí mismos” que, dicho sea de paso, conlleva un rechazo de todo lo que tenga que ver con la relación con la palabra y por tanto con la condición de sujeto de cada uno.
Tal y como en efecto lo argumenta Zuliani en el artículo citado, los sujetos actuales nos traen, pegado a su sufrimiento, un saber prefabricado por el Dr. Google sobre su conducta, sus procesos cognitivos, sus neuronas y nos quieren entonces de testigos de su identidad sin que tengamos nada que añadir que no sea la sanción administrativa de su malestar. Quieren un Otro a medida que no les plantee problemas antiguos y que les resuelvan técnicamente los disfuncionamientos de una maquinaria yoica que se ha gripado.
En este mismo sentido encuentro, en la página 12 de “Malestamos”[9] el libro de Marta Carmona y Javier Padilla que ha sido muy comentado en los equipos de salud mental en España, un hecho de experiencia clínica: les llama la atención la manera que tienen ahora los pacientes de llegar a las consultas. Encuentran que, cuando el paciente no se siente capaz de cambiar las condiciones de vida que “acompañan a su sufrimiento psíquico”, entonces echan mano de un “determinismo biológico” que ubica fuera de ellos mismos (en la genética, en el organismo, en las neuronas) la causa de su malestar. En la misma línea, Belén González, la Comisionada de Salud Mental del Ministerio de Sanidad, decía recientemente que los jóvenes de hoy eran “nativos medicalizados”, [que] hablaban de su malestar “en lenguaje médico”. [10]
Tal vez por esas razones, Dominique Laurent[11], sostiene que si en las entrevistas preliminares lo que encontramos a diario es un rechazo del inconsciente entonces la clásica rectificación subjetiva “ya no es suficiente”. Esa denegación del sujeto del inconsciente se abre camino, añade Dominique Laurent, en la actual civilización de la ciencia porque el sujeto está “cuantificado” y esa identidad cuantificada “le sirve de sésamo” para reconciliarse con el discurso común.
Cuando nos encontramos con esta nueva clínica del goce desregulado, cuando esa nueva clínica viene acompañada del narcisismo de masas y de un saber desorientado sobre el malestar, ¿cómo hacer con esta nueva clínica para instalar la transferencia analítica? ¿Todavía nos sirve de referencia la clínica estructural que repartía el diagnóstico en términos de psicosis, neurosis y perversiones?
Jesús Ambel. Psicoanalista en Granada. Miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.
[1] Cosenza, Domenico, Clínica del exceso, Xoroi ediciones, Barcelona, 2024.
[2] Leguill, Clotilde. La era de lo tóxico, NED ediciones, Barcelona, 2024.
[3] https://www.causefreudienne.org/archives-jecf/consentir-a-ne-pas-savoir-ce-quon-pense-ce-quon-dit-2/
[4] https://www.causefreudienne.org/archives-jecf/produire-le-sujet/
[5] https://www.causefreudienne.org/app/uploads/2023/04/J52-argument-EZ.pdf
[6] https://www.causefreudienne.org/app/uploads/2023/04/J52-argument-AD-1.pdf
[7] https://www.causefreudienne.org/app/uploads/2023/04/J52-argument-ALQ-1.pdf
[8] Leguill, Clotilde, “Je”, une traversée des identités, PUF, París, 2018
[9] Padilla, Javier, Carmona, Marta, Malestamos. Cuando estar mal es un problema colectivo, Capitán Swing, Madrid, 2022, p. 12
[10] https://elpais.com/sociedad/2024-02-14/la-comisionada-de-salud-mental-los-jovenes-de-hoy-son-nativos-medicalizados-hablan-de-su-malestar-en-lenguaje-medico.html
[11] https://www.causefreudienne.org/archives-jecf/dire-pour-etre/