Destello de Antonio Múgica

A lo sumo franquearla

(Una lectura de “La angustia. Introducción al Seminario X de Jacques Lacan”, de Jacques-Alain Miller)

No me parece haber encontrado, en este seminario, la indicación de que la angustia en cuestión, digamos la angustia lacaniana (…), haya que curarla sino, a lo sumo, franquearla.

Jacques-Alain Miller, La angustia. Introducción al Seminario X de Jacques Lacan. Gredos, 2007, págs. 28-29.

Con la angustia se hace muy presente que está en juego algo que es refractario a una captura imaginaria o simbólica. Lo real del goce se hace presente con la angustia: “la angustia es señal de lo real e índice de la Cosa, das Ding” (1).

Y, sí, hay certeza con la angustia. El momento de la angustia tiene el privilegio de una cercanía con lo real, lo imposible.

Acostumbramos a considerar la certeza como algo propio de la psicosis, ese índice que Lacan destacaba del fenómeno elemental. La creencia o increencia en el Otro es, en ese sentido, el punto de corte del fenómeno de la certeza. Pero la angustia, y aquí neurótica, también participa de una certeza y, en consecuencia, se puede decir que no engaña. A veces se experimenta, otras no y, tanto en caso como en el otro, el elemento común es el de la presencia de lo real.

El psicoanálisis, con Lacan, se orienta por lo real.

Lacan tempranamente menciona los registros, pero el de lo real no es desarrollado inicialmente en su enseñanza. Esa tarea comienza de modo más evidente a partir de su Seminario X, La angustia (2), y en su elaboración en torno al objeto a. En ese Seminario X toma una relevancia particular la elaboración de ese objeto en tanto objeto causa de deseo.,

En el Seminario XVI (3) comprobamos que no se trata solamente del objeto como resto de la operación simbólica, de lo que resta como no elaborable tras la operación simbólica; ahora se trata de algo que cada vez más se orienta hacia lo que es, como tal, imposible de circunscribir con la operación imaginaria y simbólica; lo real.

Poco después, en el Seminario XVII (4), logifica con los cuatro discursos  la posición del a. Y, precisamente, el objeto a, ocupa el lugar del agente en el discurso analítico. Es en ese discurso en el que se produce la caída del significante amo, S1, propiciado por esa posición agente del pequeño a.

En el inicio del análisis hay la operación simbólica, la interpretación significante. Es algo fundamental del descubrimiento que proporcionó la histeria a Freud. También con Lacan es lo que queda destacado en el inicio de su enseñanza. Pero fue más allá, hacia lo real. En un análisis hay un movimiento hacia lo real. La vía del síntoma es desde el inicio la propia de la interpretación analítica y, en su constitución, permite aquello que Lacan planteó con su sintagma: “Sólo el amor permite al goce condescender al deseo”. Pero en este nivel se aborda lo real como resto de esa operación simbólica. Tanto el síntoma como la angustia participan de lo real. Y es la angustia la que permite ir más allá.

Una angustia productiva

El exergo elegido, del texto de Jacques-Alain Miller, La angustia. Introducción al Seminario X de Jacques Lacan, que ha sido una guía fundamental de mi lectura para escribir estas líneas, propone algo interesante respecto de la angustia, ya que, si se trata de algo que es refractario a lo imaginario y lo simbólico, ¿cómo es que una práctica de palabra puede abordarla? Como podemos leer en dicho texto, la angustia no se cura, a lo sumo se franquea.

Franquear algo implica pasar de un lado a otro, venciendo un obstáculo. Pero no da igual cómo se haga el paso de una cosa a otra. No es lo mismo un pasaje al acto que un franqueamiento. En un pasaje al acto queda abolida la posición de sujeto, y en identidad al objeto, se realiza un paso salvaje, un forzamiento. Por otro lado, y añadido a ello, si hay algo propio del acto en tanto orientado por el psicoanálisis, es que dicho acto es un acto eminentemente de palabra, no es una acción. Es una posición ética respecto a un decir más que el hecho de realizar acciones. Es un trabajo de un decir que produce entrecruzamientos, puntos nodales, y precisamente, la angustia es central.

El psicoanálisis fundó un discurso, uno que, con la asociación libre, y si no se retrocede ante lo que con ese discurso emerge, permite la experiencia del deseo. Ello no va de suyo, se promueve, se causa. Y tiene consecuencias. Un discurso que trastoca los lugares y donde, con un trabajo del sujeto, se conquista una posición en que caen significantes y, con su caída, se revela el goce allí implicado.

Pero, hay un paso más que realizar, un paso que implica la cesión del objeto y que, como señala Miller, está precedido por el momento en que se pone en juego la función de la angustia. Porque, desde esta perspectiva, la angustia es una angustia productiva. Se trata de una angustia que, siendo un operador, es un operador que produce objeto causa. Como señala Miller, parafraseando el aforismo lacaniano, “solo la angustia transforma el goce en objeto causa de deseo” (5).

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NOTAS:

(1) Jacques-Alain Miller, “La angustia. Introducción al Seminario X de Jacques Lacan”. Gredos, 2007, pág. 82.

(2) Jacques Lacan, Seminario X, La angustia. Paidós, 2006, pág. 355 y siguientes.

(3) Jacques Lacan, Seminario XVI, De un Otro al otro. Paidós, 2008, pág. 163.

(4) Jacques Lacan, Seminario XVII, Los cuatro discursos. Paidós, 1992.

(5) Ibid., pág. 81.

Antonio Múgica. Psicoanalista en Getxo. Miembro de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis y de la Asociación Mundial de Psicoanalisis.

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