Destello de Kepa Torrealdai

¡EL LOBO, EL LOBO!

Me gustaría adentrarme en la delicada cuestión sobre la transferencia en las psicosis. ¿Si afirmamos que toda clínica psicoanalítica es una clínica bajo transferencia, qué podríamos decir sobre la transferencia en las psicosis? ¿Pueden aplicarse los algoritmos de la transferencia en éstas? ¿En qué medida podemos situar el significante cualquiera y el significante de la transferencia en dichos casos?

Son preguntas que trataré de responder tomando como ejemplo el caso prínceps de los Lefort, el del Niño del Lobo.

Se trata de un caso comentado por Jacques Lacan en el seminario 1 en la clase del 10 de marzo de 1954 y por Miller tanto en su texto “Clínica bajo transferencia” así como en “La Matriz del tratamiento del Niño del Lobo”.

C.S.T.

Comenzaré por la afirmación de Jaques Alain Miller en Clínica bajo transferencia: “El síntoma, en la definición que recibe en análisis, exige la implantación del significante de la transferencia. La formalización metafórica del síntoma responde al inicio del análisis, al atravesamiento del fantasma que escande su final. Se apoya en su embrague sobre el discurso analítico, vía por la que se acopla al sujeto supuesto saber, cuyo efecto le es ofrecido con más fuerza por el analista. Sólo entonces está el síntoma plenamente constituido.”[1]

Más adelante escribe: “El único punto de referencia de la clínica del análisis de la cura es el significante de la transferencia (el Niño del Lobo, de Robert y Rosine Lefort, ofrece en el campo de la psicosis un bello ejemplo de metáfora transferencial: Lobo/Señora).”[2]

Rosine          

Recordemos que el Niño del Lobo se trata de un caso de psicosis infantil muy grave que llega con la edad de 3 años y 9 meses a la institución donde trabajaban los Lefort. Rosine lo detalla de la siguiente manera: “Antes del “lobo”, Roberto era sólo un puro superyó cuyo soporte era el significante, “señora”. Fue con un estridente “señora” con el que me recibió el primer día que lo ví, el 25 de febrero y los días sucesivos.”[3] Rosine explica cómo “señora” ha destruido toda dimensión propia para Roberto, es decir toda pulsión en ausencia del Otro.

Es cuando 2 meses más tarde se encuentra “ante el vertido del pipí. Lo dice bajo la forma de ese grito que de él sale: “¡lobo!, ¡lobo!” que viene a ser el equivalente del “¡señora!” que era. […] en la transferencia en relación conmigo, a la promoción de algo de él que se opone al superyó y que desobedece a “señora”: “lobo” ocupa el lugar de “señora”. […] “Señora, mediante el tratamiento, dejó de ser un significante puro para convertirse en “una señora”, en la transferencia con el Otro. […] No puedo sino fracasar en proporcionarle los significantes que el faltan. Es por ello que “lobo” viene a colmar ese enorme agujero.

[…] Con ese “lobo” Roberto deja de ser una pura pasividad en su cuerpo, pues hasta ese momento no era nada más que el significante “señora” sin cuerpo propio.”[4]

De esta manera llegamos, con la formalización de esta metáfora transferencial Lobo/Señora al comienzo de la construcción del cuerpo de Roberto. Podríamos aventurarnos a definir “Lobo” como el significante de la transferencia sobre el cual se cristaliza el síntoma analítico. Es una sustitución de “Señora” que englobaba un todo sin agujero, que pasa a ser “una señora” significante de la cualquiera que encuentra en Rosine.

Establecido así el proceso de la cristalización del síntoma, nos queda por aclarar cómo ha sucedido dicha transformación. ¿Qué lo ha suscitado?

Amor, agujero y nominación

En su lectura del caso del Niño del Lobo Jacques Alain Miller nos recuerda que en el texto original de 1952 de Rosine, aparecen 2 términos importantes para explicar el inicio de la transformación: “amor y ternura”[5] en el contexto de la acogida que le hace a Roberto. Recordemos que Rosine Lefort fue analizante de Lacan y que se presentaba en la transferencia atravesada por la castración y una exquisita sensibilidad.

Miller nos señala que Roberto comienza a crear un vacío a su alrededor, una actitud fundamental en su práctica. Una noche de pie en su cama, con tijeras de plástico trata de cortarse el pene ante otros niños aterrorizados.

“No es excesivo ver de manea correlativa a la erección de este 1, producir como la exigencia y la llamada a hacer entrar un menos en lo real del cuerpo. No tenemos aquí ninguna razón para decir el falo, pero tenemos que aplicar este menos al pene, que escribo p, siguiendo a Lacan, entonces tenemos un (-p). Lo que connota realmente el principio del tratamiento, es la entrada en función de este menos que intenta inscribirse en lo real. […] Apenas el dispositivo de tratamiento está en marcha que, después de esta primera tentativa de mutilación, vamos a ver este menos declinarse en lo real. Este encuentro buscado con un agujero real va a llamar en él al significante “Lobo”.[6]

O más adelante: “Esta función se impone a este agujero que Robert va a buscar y que nombra, y va a hacer operar tanto este menos que va a vaciar el conjunto del consultorio. […] Para decirlo de otra manera, después de la castración real y del descubrimiento del agujero del inodoro, tenemos aquí lo que podemos llamar la extracción del obeto.[7]

Entonces, podríamos resumir que previamente a la cristalización de la metáfora transferencial se precisa de un cierto vaciado, una tentativa de agujerear lo real. Un intento de introducir un menos, algo que produjera una cierta extracción del objeto. En esta tentativa pasa por el simulacro de mutilación hasta llegar al acto de nominación. La nominación del agujero real con ¡Lobo! es la consolidación de este menos en lo simbólico. Punto que posibilita al nudo imaginario enlazar de alguna manera los registros Simbólico y Real que se encontraban sin dicha mediación imaginaria. Es decir, de construir un cuerpo.           


[1] Miller J-A. Clínica bajo transferencia. Ocho estudios de clínica lacaniana. 1985. Ediciones Manantial. Pag 8.

[2] Ibid. Pag 9.

[3] Ibid. Pag 48.

[4] Ibid. Pag 49

[5] “La matriz del tratamiento del tratamiento del niño del Lobo”. Conferencia pronunciada en la ECF, el 21 de abril de 1988, en el marco del seminario de psicoanálisis con niños, con motivo de la publicación de la obra de Rosine y Robert Lefort, Les structures de la psychose. L´Enfant au loup et le Président, Paris, Le Seuil, 1988. Texto traducido por J.-L. Gault. Pag 19.

También en Freudiana nº 65.

[6] Ibid. Pag 22-23.

[7] Ibid. Pag 25.

Kepa Torrealdai. Psicoanalista, Miembro de la ELP y de la AMP.

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