[…] cuando uno ve el estado del mundo, no tiene la sensación, en cierto sentido -en relación al sexo y la distribución del goce-, de que el sujeto esté aliviado. Que sea permisivo es una cosa, pero el alivio es otra. La permisividad permitió, sobre todo, una suerte de representación exaltada del mal -término que empleaba La can-; permitió las representaciones exaltadas de las formas, si se quiere, extremistas perversas […] de lo que no hay que ver. La permisividad hizo esto, y entramos en una época en que no se sabe si continuará: el amor tiene veleidades de reordenado todo. Tampoco estoy seguro de que lo logre pero, en todo caso, no confundamos permisividad y alivio en relación al sufrimiento.
Laurent, Éric. Posiciones femeninas del ser. Tres Haches, Buenos Aires, 1999, p, 121.