“En la estructura simbólica del Otro progenitor podemos individuar un punto de ceguera inconsciente, una confusión fundamental, un muro que no permite a los padres reconocer, incluso con todo el amor que, por lo general, vuelcan en su hija, el espacio singular de su subjetividad emergente. Hay algo de «demasiado lleno» en este Otro progenitor, que no le permite liberar en su discurso un lugar vacío para la hija, sin tenerlo que llenar de un investimiento excesivo en el plano narcisista. Esto vuelve muy problemático que ella pueda ocupar a su manera, como sujeto, este lugar vacío.”
Cosenza, Domenico. El muro de la anorexia. Gredos, Madrid, 2013, p.26.