Citas 30

“Pero antes de considerar otras clases de prácticas del tabú en el trato a los enemigos, tenemos que pronunciarnos sobre una objeción que parece natural. Con Frazer y otros, se nos dirá que la motivación de estos preceptos de apaciguamiento es bien simple y nada tiene que ver con una «ambivalencia». Estos pueblos están dominados por el miedo supersticioso a los espíritus de los enemigos abatidos, miedo que no era ajeno a la Antigüedad clásica, y que el gran dramaturgo británico llevó al teatro en las alucinaciones de Macbeth y de Ricardo III. De esa superstición -se sostendría- derivan de una manera consecuente todos los preceptos de apaciguamiento, como también las restricciones y expiaciones, de que luego hablaremos; en favor de esta concepción hablan también las ceremonias, reunidas en el cuarto grupo, que no admiten otra explicitación que la de ser unos intentos por ahuyentar al espíritu del asesinado que persigue a su matador. Por añadidura, los salvajes confiesan directamente su angustia ante el espíritu de sus enemigos muertos, y ellos mismos reconducen a esa angustia las mencionadas prácticas del tabú”.

Freud, S. (1913). Tótem y tabú. Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos. Obras Completas. Vol.XIII. Buenos Aires: Amorrortu Editores. P.45.

“La explicación parece buena hasta ahí; pero la técnica psicoanalítica permite penetrar más a fondo en los nexos y enunciar cosas más precisas acerca de la naturaleza de estas múltiples tendencias. Si sometemos al análisis el estado de cosas descrito, como si lo hallásemos en el cuadro sintomático de una neurosis, adoptaremos como punto de partida la desmesura en el cuidado angustiado que se aduce como fundamento para el ceremonial del tabú. La presencia de esta hiperternura es común en la neurosis, en especial en la neurosis obsesiva, que utilizamos como principal término de comparación. Hemos llegado a entender muy bien su origen. Aflora dondequiera que además de la ternura dominante existe una corriente contraria, pero inconsciente, de hostilidad; vale decir, donde se realiza el caso típico de la actitud ambivalente de sentimientos. Y esa hostilidad se denuncia a gritos por un aumento hipertrófico de la ternura, que se exterioriza como estado de angustia y se vuelve compulsiva porque de otro modo no podría cumplir su tarea de mantener en la represión a la corriente contraria inconsciente. Todo psicoanalista sabe por experiencia que la hiperternura angustiada admite esta solución con un grado muy alto de certidumbre, aun en las circunstancias en que parecería lo más improbable, por ejemplo entre madre e hijo o entre tiernos cónyuges”.

Freud, S. (1913). Tótem y tabú. Algunas concordancias en la vida anímica de los salvajes y de los neuróticos. Obras Completas. Vol.XIII. Buenos Aires: Amorrortu Editores. P.55.

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